Una pregunta incómoda

Una pregunta incómoda

Si hay algo en lo que los humanos somos expertos es en la capacidad que tenemos de autojustificarnos, sobre todo cuando intuimos que no hemos obrado demasiado bien. Si nos gastamos un dineral en un gadget innecesario alegando que será imprescindible para nuestro negocio u ocio, o si reformamos la cocina de abajo a arriba con la excusa de que ya era vieja y revieja, siempre encontraremos las palabras justas que avalen nuestro comportamiento.

Y así lo hacemos cuando utilizamos el coche hasta para hacer el más simple de los recados, sin darnos cuenta del gran perjuicio que causamos al medioambiente y, de paso, a nuestro propio cuerpo. Caminar o andar en bicicleta aporta un sinfín de ventajas a nuestro organismo, todo lo contrario que el prolongar nuestro sedentarismo en el cómodo y calefactado asiento del automóvil. Utilicemos el coche solamente cuando sea estrictamente necesario y movamos más el culo aun cuando no haga falta hacerlo. Quememos, pues, más grasa parda y menos combustible contaminante. Saldremos todos ganando.

 

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