No seas cabestro

No seas cabestro

Hay cabestros de dos patas que probablemente piensan que los hospitales, las escuelas, los bancos de la calle, los jardines, las farolas, las papeleras, las carreteras, los policías y, en definitiva, cualquier bien o servicio público está puesto ahí por la gracia divina, y que el coste de todos esos servicios se financia con billetes del Monopoly impresos por funcionarios que también viven del aire. Pero resulta que, ¡oh, sorpresa!, todo eso lo pagamos con el dinero de nuestros bolsillos. ¿En serio? ¿Pero cómo puede ser?

Pues así es, querido cabestro. Sí, tú, el que arranca a tirones las bicicletas públicas y luego las abandona en cualquier lugar. Yo te lo explico. Tu papá y tu mamá se levantan todos los días para ir a un sitio donde les pagan (poco) por hacer su labor, pero no les pagan todo lo que han trabajado, no, sino que parte de ese dinerito se lo queda el Estado. Además, cuando tus papás te compran esas deportivas tan molonas, pagan un poquito más de lo que valen y, mira tú por donde, ese dinerillo de más también se lo queda el Estado. ¿Y para qué quiere el Estado tanta pasta?, te preguntarás. Pues para que tú tengas una educación (epic fail), para que te curen cuando te hagas pupita y, entre otras cosas más, para que el resto de ciudadanos puedan disfrutar de sus bicicletas públicas. Ándate con ojo, cabestro, que estos ciudadanos empiezan a enfadarse.

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