Highway to hell

Highway to hell

Por alguna razón inexplicable los ciudadanos de origen mediterráneo y/o latino no solemos denunciar lo que nos molesta o lo que de alguna manera nos pone en peligro. Protestar sí que protestamos, y somos capaces de hablar durante horas de lo mal que está aquello o de lo fatal que está esto otro, pero a la hora de la verdad nos retiramos sin solucionar nada, como si el simple hecho de habernos desahogado hubiera solucionado el origen de nuestro malestar.

Cuando pedaleamos por la ciudad, sea la que sea, nos encontramos a diario con irregularidades del terreno que ponen en precario nuestro equilibrio sobre la bicicleta y que muchas veces son el origen de caídas y accidentes que pueden llegar a ser graves. Ante estas situaciones debemos denunciar ante las administraciones responsables el mal estado de conservación de las vías. En cada país y en cada ciudad habrá una manera de hacerlo, pero no es tanto un derecho como una obligación que debemos ejercer. La bicicleta en estos casos es más sensible que el resto de los vehículos, y por una rejilla mal puesta o una pequeña grieta que no percibiríamos con un coche, sí podríamos acabar con un hueso roto en el hospital. Es posible que no siempre vayan a hacer caso a las reclamaciones, pero lo que sí es seguro que ahí seguirán esos peligros si nadie exige su arreglo.

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