Entre la espalda y la pared

Entre la espalda y la pared

Entre las frases manidas que tiene que escuchar un ciclante urbano a diario, además de las referentes al deporte o a la vestimenta, hay una recurrente que viene a ser la de “pero la bici es mala para la tu espalda, ¿no?”. No se sabe bien dónde está el origen de esta creencia popular, aunque posiblemente provenga de la imagen asociada a los corredores profesionales de las grandes vueltas como el Tour de Francia o el Giro de Italia, pegándose grandes palizas con el lomo encorvado durante varias horas y varios cientos más de kilómetros.

Sin embargo, andar en bici con regularidad contrarresta y previene los problemas de espalda que suelen tener su origen en los errores que cometemos en nuestra sociedad: la falta de ejercicio (que supone la atrofia de muchos músculos y la retracción de otros), la alimentación incorrecta y el estrés. Cada vez hay más artículos científicos y médicos que destacan los beneficios de la bicicleta sobre la salud -espalda incluida- y también aumenta cada día el número de ciclantes que disfrutan esos mismos beneficios en sus carnes… y en sus huesos. Incluso, quienes han tenido que someterse a cirugía por patologías severas en su columna vertebral pueden volver a montar en bici, eso sí, siguiendo las indicaciones de sus médicos y evitando actividades que conlleven un riesgo de impacto en la zona dañada (léase el ciclismo de montaña en versión Terminator).

Otros asuntos a tratar serían el de las malas posturas, el de la mala elección de la talla de nuestra bicicleta o el del reglaje incorrecto del sillín o del manillar. Si te duele la espalda después de pedalear es probable que el origen esté en alguno de estos problemas. Para solucionarlo, puedes seguir estos sencillos ergoconsejos. Hoy más que nunca, ¡salud y pedales!

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