El timbre como arma de persuasión masiva

El timbre como arma de persuasión masiva

El coche es una fuente inagotable de ruidos molestos. El motor, el claxon y el rozamiento de los neumáticos con el asfalto de los miles de vehículos que invaden nuestras calles interpretan una molesta sinfonía sobrepasada de decibelios y es causa de grandes daños en la calidad de vida de los ciudadanos. Por contra, los ciclantes disponemos de un arma de persuasión masiva que no es otra que la atractiva sonoridad de nuestros timbres, unos artilugios que, además de pintorescos, resulta que son obligatorios.

Muchos ponen en duda la efectividad del timbre ante los imprevistos que nos podemos encontrar en el tráfico, pero siempre será de utilidad para romper el silencio de nuestro rodar y avisar de nuestra presencia, por ejemplo, a los peatones que cruzan de oído.

Y hablando de obligatoriedad, no estaría nada mal que los fabricantes de bicicletas estuvieran obligados a incluir de serie un timbre en sus modelos y, ya de paso, unas luces delantera y trasera. ¿Os imagináis que fuerais a comprar un coche y os lo entregaran sin claxon o sin cinturones de seguridad? Hasta entonces, ¡timbrad, ciclantes, timbrad!, y engatusemos con ese sonido a los que aún no han probado la maravilla de moverse en bici por la ciudad.

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