Naranja oscuro casi rojo

Naranja oscuro casi rojo

Ya sabemos que las normas de tráfico, la señalización y la planificación de muchas calles están concebidas en función del coche, y esa es la justificación que muchos esgrimen para no cumplir las normas cuando se desplazan en bici. Precisamente por esa configuración debemos estar atentos a una costumbre profundamente arraigada en nuestro hipotálamo y que puede poner en peligro nuestra integridad física.

Hablamos de nuestra actitud ante la fase intermedia entre la luz verde y la luz roja del semáforo. Aunque el reglamento es preciso y establece que hemos de parar cuando la luz está fija y de color ámbar, la mayoría de los conductores interpretamos que aún nos queda un último suspiro para pasar el disco antes de que cambie a rojo, así que pegamos un acelerón y cruzamos la línea de detención como si estuviéramos compitiendo en la final olímpica de los cien metros lisos.

Si esta maniobra ya es peligrosa de por sí en un vehículo a motor, circulando en bicicleta es absolutamente desaconsejable, sobre todo si vamos con las fuerzas justas o el semáforo nos sorprende cuesta arriba. En esa situación, y teniendo en cuenta que algunos de lo que esperan en el cruce pueden salir incluso antes de tener su disco en verde, nos vamos a ver sorprendidos por un montón coches cortándonos el paso y en las peores condiciones físicas posibles para seguir nuestro trazado.

En estos casos lo ideal es cumplir la norma a rajatabla e interiorizar esa luz ámbar como una ocasión ideal para parar y retomar el aliento. Ya sabéis: en bicicleta… el ámbar es, más que nunca, de color naranja oscuro casi rojo.

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